Salinas Grandes, uno de los salares más grandes del mundo

Un día de enero llegamos a Purmamarca desde Salta y el colectivo nos dejó en la ruta, como la gran mayoría de las veces. Empezamos a caminar para adentrarnos al pueblo, y justo nos cruzamos con un remís. Nos preguntó si queríamos que nos llevara y, sin dudarlo, le dijimos que sí (el calor y las mochilas no hacían muy agradable una caminata en la ruta). Durante el breve trayecto nos comentó que él también trabajaba para una agencia de viajes y organizaba excursiones. Nos dio su número y nos despedimos.

Esa misma tarde estuvimos averiguando los precios de la excursión a las Salinas Grandes. Llamamos a Esteban, el conductor en cuestión, y nos convenía ir con él. Le reservamos para el día siguiente y él quedó en confirmarnos, porque tenía que encontrar a dos personas más para poder hacerla. Nosotros confiamos en que las iba a encontrar, pues era plena temporada, había muchos turistas, y es una excursión clásica.

Así fue que nos llamó unas horas más tarde para confirmar que al día siguiente nos pasaría a buscar por nuestro hotel a las 9 hs. Nos dio las indicaciones que ya conocíamos (ropa cómoda, agua, protector solar, gorro y buen calzado) y nos despedimos. Luego nos pusimos a buscar un lugar para cenar.

A la mañana siguiente nos despertamos temprano, nos cambiamos y preparamos la mochila para la excursión. Nos quedó un buen tiempo para desayunar, que nos vino bien para estar tranquilos y disfrutar de la primera comida del día. Hago un breve paréntesis para contarles que nos hospedamos en La Pushka, una hostería familiar hermosa. Lo que más nos gustó es que tienen una política sustentable muy estricta: Cuidado del agua, separación de residuos, compost, etc. Vuelvo a la historia.

Hostería La Pushka

Finalmente nos pasó a buscar Esteban. Esperamos uno ratito hasta que llegara la segunda pareja y emprendimos el camino. Antes de adentrarnos en la ruta hubo cambio de conductores, creo que porque él tenía otro viaje. Ahí sí agarró la ruta este segundo conductor, internándonos en la Cuesta del Lipán.

Cuesta del Lipán

Se armó una linda charla entre los cinco, hablamos un poco de todo. Pasados unos 45 minutos llegamos al monolito de los 4170 metros sobre el nivel del mar. Aprovechamos para bajar y estirar un poco las piernas, tomar y picar algo. También tuvimos que coquear porque la altura se sentía. Quisimos sacarnos la típica foto, pero había tal cantidad de gente que desistimos. Volvimos al auto y continuamos el camino.

Luego de media hora llegamos a la entrada a las salinas. Eran alrededor de las 11 y aún había poca gente, lo cual fue bueno porque los grupos eran reducidos. Para entrar tuvimos que pagar $1000 por auto, lo que significó $250 cada uno. En ese momento nos asignaron un guía en moto, quien nos hizo seguirlo unos minutos hasta llegar a los piletones.

Nos bajamos del auto, nos reunimos con el resto de las personas, y el guía nos contó la historia del salar y los datos más significativos. Entre ellos está el que da título a este post: este es uno de los salares más grandes del mundo. El primero es el salar de Uyuni (Bolivia) con 10 mil km2. Este tiene 212 km2 (casi como la ciudad de Buenos Aires) y es compartido entre las provincias de Salta y Jujuy. Nos comentó también el proceso de extracción de la sal.

Se arman piletones de aproximadamente un metro de ancho por diez metros de largo y un metro de profundidad. Con las lluvias esos piletones se van llenando y el sol hace que el agua se evapore y quede la sal. Cuando la sal llena todo el espacio, una máquina la corta en bloques y los retira. Y el proceso vuelve a comenzar. Luego se la categoriza por calidad y se le da diversos usos. Uno es para industrias (farmacéutica, alimentaria, cerámica, etc.), el otro es para el ganado (lamen los bloques, adquiriendo cloruro de sodio que les hace bien) y por último el consumo hogareño.

Los piletones de sal

Después de toda la explicación llegó el momento que todos esperábamos: las fotos. De a poco empezamos a ver a la gente en una pierna, saltando, haciendo poses extrañas, moviendo los brazos, etc. Cuando nos dimos cuenta, nosotros estábamos en la misma situación. Cualquiera que no entienda el fin de eso diría que éramos todos locos. La realidad es que jugábamos con la perspectiva. Nosotros ensayábamos las posiciones, sacábamos varias fotos y las chequeábamos. Pero era como si fuesen truchas, nada que ver con lo que teníamos en la cabeza jeje. Por suerte apareció nuestro guía para salvarnos y capturó muy buenas imágenes.

Habremos estado media hora sacando fotos hasta que tuvimos que pegar la vuelta. Llegamos a la entrada de las salinas, nos despedimos del guía y entramos al auto. No sin antes pasar por un puestito a comprar empanadas. Volvimos por el mismo camino, ya sin tanta charla porque estábamos cansados. Llegamos casi a las dos de la tarde y nos fuimos directo a almorzar.

Esta fue mi segunda vez en este lugar. La primera fue en 2009 con mis amigos (el típico viaje de mochilero cuando uno es pibe). La verdad es que estoy muy satisfecho de haber regresado, se disfruta mucho y vale la pena.


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