Previaje 2022 confirmado

Luego de los rumores y de las comunicaciones del gobierno extraoficiales, finalmente hoy confirmaron la edición 2022 del Previaje, el programa de inventivos a la preventa de servicios turísticos nacionales. Esto a partir de la Resolución 303/2022 del Ministerio de Turismo y Deportes publicada hace unas horas.

Se sabe que seguirán devolviendo el 50% de lo pagado, siempre con el límite de $100 mil para compras en agencias de viaje, alojamiento y pasajes de transporte aéreo y terrestre; y de $5 mil para el resto (alquiler de vehículos, excursiones, etc.). Acá hay un tema, cien mil pesos en el 2020 equivalen a cincuenta mil de hoy. Es decir, cada vez cuesta más un viaje, por lo que la devolución es cada vez menor en términos reales. Algunos estarán de acuerdo, otros dirán que deberían aumentarlo. Es lo que hay.

Todo lo demás (las fechas, por ejemplo) será establecido por las autoridades del ministerio, de acuerdo a lo establecido en la resolución citada anteriormente:

ARTÍCULO 3°.- Facúltase a la SUBSECRETARÍA DE PROMOCIÓN TURÍSTICA Y NUEVOS PRODUCTOS del MINISTERIO DE TURISMO Y DEPORTES a: i) determinar las personas humanas y jurídicas que cumplan con los requisitos establecidos en el Reglamento aprobado en el artículo precedente; ii) aprobar las solicitudes de beneficios que se efectúen en el marco del Programa y autorizar los gastos que correspondan; iii) requerir información adicional a fin de constatar el cumplimiento de los requisitos y condiciones previstos en el Reglamento; iv) establecer las fechas para la adquisición, usufructo y acreditación de los servicios turísticos alcanzados por el Reglamento; v) realizar modificaciones respecto de los alcances, límites y plazos establecidos en el Reglamento; vi) implementar el otorgamiento de beneficios adicionales a los previstos en el Reglamento, de conformidad con eventuales acuerdos que se instrumenten con otros organismos o entes públicos; vii) revocar beneficios otorgados y excluir a personas jurídicas o humanas de los alcances del Programa ante la comisión de las infracciones detalladas en el Reglamento y viii) dictar normas complementarias y efectuar las comunicaciones necesarias para su implementación.

En realidad, ya dijeron que no incluirá las vacaciones de invierno (es lógico, no dan los tiempos). Y Habían dicho que sería hasta fin de año, sin incluir las vacaciones de verano. Habrá que esperar a ver cómo lo implementan.

Otra cosa que se sabe es que el crédito a favor será acreditado a la tarjeta prepaga del Banco Nación. De hecho, los que tienen alguna del programa anterior la podrán utilizar para este. Recordemos también que existe la app BNA+ del banco que permite asociar la tarjeta y, de esta manera, poder realizar pagos mediante código QR.

Desde hoy está abierto el registro para prestadores desde la misma página. Estuve viéndolo, y ya se anotaron muchísimas empresas.

Les dejo el link para que lean la publicación completa de la norma: Resolución 303/2022.


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¿Se viene PreViaje 3?

Muchos se están preguntando qué pasará este año con el PreViaje. ¿Van a lanzarlo nuevamente? ¿Me conviene comprar ahora o espero a que salga? ¿Será para cualquier destino? Preguntas hay muchísimas. Lo que faltan son las respuestas.

Vamos a lo concreto. Sí habrá una nueva versión del PreViaje. Desde el gobierno adelantaron que están armando el nuevo programa. Los anteriores fueron un éxito por cómo impactó en la industria turística. El primero, porque puso en marcha el turismo que estaba muerto, justo en el peor momento de la pandemia. Y el segundo porque más gente lo utilizó, y más prestadores se inscribieron, lo que hizo a la redistribución del dinero.

Lo que no se sabe es cuándo harán el anuncio oficial y cuáles serán las condiciones. Con esto último me refiero a las fechas en que se podrá usar y los destinos habilitados. Hubo muchos sectores que se quejaron de que algunos destinos no hubieran necesitado este incentivo, sobre todo en temporada de verano, cuando en épocas normales ya estaban con muchísimo turismo. ¿Por qué fomentar, por ejemplo, a la costa atlántica, si en verano siempre tienen buenos números? Lo mismo se podría aplicar a Bariloche o El Calafate en invierno. Esto surge de la experiencia de los programas anteriores.

Otro punto a analizar es la incertidumbre que genera, ya que muchas personas no programan su viaje esperando que anuncien el programa: «Voy a esperar unas semanas más a ver si lanzan PreViaje». Eso hace, por un lado, que se frenen las operaciones y, por el otro, que cuando lancen el programa haya una avalancha de reservas.

Y del lado del prestador pasa lo mismo, más que nada en cuanto a precios. Sabiendo que van a recibir mucho turismo, algunos especuladores aumentan el precio (varios hasta lo duplican) porque, total, el pasajero va a pagar la mitad. Esto lo pude comprobar el año pasado, cuando averiguaba para las vacaciones.

Personalmente, creo que el anuncio será luego del receso invernal, tal como sucedió los años anteriores. Les recomiendo que vayan viendo cómo están las tarifas hoy para las fechas de sus viajes.


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Salinas Grandes, uno de los salares más grandes del mundo

Un día de enero llegamos a Purmamarca desde Salta y el colectivo nos dejó en la ruta, como la gran mayoría de las veces. Empezamos a caminar para adentrarnos al pueblo, y justo nos cruzamos con un remís. Nos preguntó si queríamos que nos llevara y, sin dudarlo, le dijimos que sí (el calor y las mochilas no hacían muy agradable una caminata en la ruta). Durante el breve trayecto nos comentó que él también trabajaba para una agencia de viajes y organizaba excursiones. Nos dio su número y nos despedimos.

Esa misma tarde estuvimos averiguando los precios de la excursión a las Salinas Grandes. Llamamos a Esteban, el conductor en cuestión, y nos convenía ir con él. Le reservamos para el día siguiente y él quedó en confirmarnos, porque tenía que encontrar a dos personas más para poder hacerla. Nosotros confiamos en que las iba a encontrar, pues era plena temporada, había muchos turistas, y es una excursión clásica.

Así fue que nos llamó unas horas más tarde para confirmar que al día siguiente nos pasaría a buscar por nuestro hotel a las 9 hs. Nos dio las indicaciones que ya conocíamos (ropa cómoda, agua, protector solar, gorro y buen calzado) y nos despedimos. Luego nos pusimos a buscar un lugar para cenar.

A la mañana siguiente nos despertamos temprano, nos cambiamos y preparamos la mochila para la excursión. Nos quedó un buen tiempo para desayunar, que nos vino bien para estar tranquilos y disfrutar de la primera comida del día. Hago un breve paréntesis para contarles que nos hospedamos en La Pushka, una hostería familiar hermosa. Lo que más nos gustó es que tienen una política sustentable muy estricta: Cuidado del agua, separación de residuos, compost, etc. Vuelvo a la historia.

Hostería La Pushka

Finalmente nos pasó a buscar Esteban. Esperamos uno ratito hasta que llegara la segunda pareja y emprendimos el camino. Antes de adentrarnos en la ruta hubo cambio de conductores, creo que porque él tenía otro viaje. Ahí sí agarró la ruta este segundo conductor, internándonos en la Cuesta del Lipán.

Cuesta del Lipán

Se armó una linda charla entre los cinco, hablamos un poco de todo. Pasados unos 45 minutos llegamos al monolito de los 4170 metros sobre el nivel del mar. Aprovechamos para bajar y estirar un poco las piernas, tomar y picar algo. También tuvimos que coquear porque la altura se sentía. Quisimos sacarnos la típica foto, pero había tal cantidad de gente que desistimos. Volvimos al auto y continuamos el camino.

Luego de media hora llegamos a la entrada a las salinas. Eran alrededor de las 11 y aún había poca gente, lo cual fue bueno porque los grupos eran reducidos. Para entrar tuvimos que pagar $1000 por auto, lo que significó $250 cada uno. En ese momento nos asignaron un guía en moto, quien nos hizo seguirlo unos minutos hasta llegar a los piletones.

Nos bajamos del auto, nos reunimos con el resto de las personas, y el guía nos contó la historia del salar y los datos más significativos. Entre ellos está el que da título a este post: este es uno de los salares más grandes del mundo. El primero es el salar de Uyuni (Bolivia) con 10 mil km2. Este tiene 212 km2 (casi como la ciudad de Buenos Aires) y es compartido entre las provincias de Salta y Jujuy. Nos comentó también el proceso de extracción de la sal.

Se arman piletones de aproximadamente un metro de ancho por diez metros de largo y un metro de profundidad. Con las lluvias esos piletones se van llenando y el sol hace que el agua se evapore y quede la sal. Cuando la sal llena todo el espacio, una máquina la corta en bloques y los retira. Y el proceso vuelve a comenzar. Luego se la categoriza por calidad y se le da diversos usos. Uno es para industrias (farmacéutica, alimentaria, cerámica, etc.), el otro es para el ganado (lamen los bloques, adquiriendo cloruro de sodio que les hace bien) y por último el consumo hogareño.

Los piletones de sal

Después de toda la explicación llegó el momento que todos esperábamos: las fotos. De a poco empezamos a ver a la gente en una pierna, saltando, haciendo poses extrañas, moviendo los brazos, etc. Cuando nos dimos cuenta, nosotros estábamos en la misma situación. Cualquiera que no entienda el fin de eso diría que éramos todos locos. La realidad es que jugábamos con la perspectiva. Nosotros ensayábamos las posiciones, sacábamos varias fotos y las chequeábamos. Pero era como si fuesen truchas, nada que ver con lo que teníamos en la cabeza jeje. Por suerte apareció nuestro guía para salvarnos y capturó muy buenas imágenes.

Habremos estado media hora sacando fotos hasta que tuvimos que pegar la vuelta. Llegamos a la entrada de las salinas, nos despedimos del guía y entramos al auto. No sin antes pasar por un puestito a comprar empanadas. Volvimos por el mismo camino, ya sin tanta charla porque estábamos cansados. Llegamos casi a las dos de la tarde y nos fuimos directo a almorzar.

Esta fue mi segunda vez en este lugar. La primera fue en 2009 con mis amigos (el típico viaje de mochilero cuando uno es pibe). La verdad es que estoy muy satisfecho de haber regresado, se disfruta mucho y vale la pena.


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Uquía, Jujuy

Otro de los lugares que conocí durante las últimas vacaciones es Uquía. Esta localidad de la Quebrada de Humahuaca se encuentra a 115 km. al Norte de San Salvador y a 15 km. al Sur de Humahuaca. Así como tantos pueblos de la Quebrada, también tenemos al Río Grande que le pasa por al lado. Acá el mapa de rigor.

Uquía es conocida en todo el Norte por su festejo de Carnaval. Muchísimos visitantes se acercan todos los años para vivir este festejo, en el cual los diablos bajan del Cerro Blanco, vestidos con trajes muy completos y coloridos y se empiezan a mezclar con la multitud.

Sin embargo, a nivel nacional no era muy conocido. Muy poca gente sabía la existencia de este pueblo y su atractivo turístico. Esto cambió el año pasado, cuando el área de Turismo de la Provincia comenzó a fomentar el turismo local. Esto incluyó el fomento de varios pueblos y la apertura de nuevos circuitos, y para esto tuvieron que formar guías y capacitar a los prestadores, de manera de empezar a atraer turistas de todas partes.

El cerro

Cuando estaba armando el viaje me puse a investigar y vi que también es conocido por la Quebrada de las Señoritas. Aquí se puede realizar un trekking de unas tres horas. Se empieza en la base del cerro y se va recorriendo el camino, mientras nos rodean los paredones rojos de mucha altura. El camino tiene dificultad media (más que nada si llueve o ha llovido) y al terminar se llega a un cañadón de unos 300 metros. Tiene este nombre según una leyenda:

En tiempos del imperio Inca, partieron desde Perú un grupo de señoritas que llevaban consigo grandes cantidades de oro. Perseguidas por los invasores españoles, huyeron y quedaron atrapadas en las quebradas. Se dice que en algún lugar de la Quebrada de Humahuaca yace escondido aquel preciado tesoro. Luego ofrecieron su vida a la pachamama y ésta, a modo de agradecimiento, erigió aquellos picos de colores que hoy se los conoce como la Quebrada de las Señoritas.

Fuente: hostelwaira.com

Cuenta también con la Iglesia de San Francisco de Paula y la Santa Cruz, que fue construida en 1691, y que desde 1941 es Monumento Histórico Nacional. Destacan los cuadros de Los Ángeles Arcabuceros. Son ángeles vestidos como militares españoles y armados con arcabuces (una especie de escopeta) que, según los historiadores, eran utilizadas para atemorizar y someter a los pueblos originarios.

Iglesia de San Francisco de Paula y la Santa Cruz

Desafortunadamente, en el horario en que pasé estaba cerrada y no pude tomar fotos de estas imágenes. Les dejo esta de la revista Lugares, para que puedan ver de qué se trata:

Fuente: Revista Lugares, La Nación

Sus callecitas de tierra, sus casas de adobe, la vista abierta, la comida casera, la tranquilidad plena, la amabilidad de la gente y un atardecer hermoso hicieron que me enamorara de este pueblito. Miren lo que es la escuela:

Escuela provincial

Y su puesto de salud:

Puesto de salud 🙂

¿Y el centro vecinal? Miren:

Centro vecinal

Mención aparte para nuestro alojamiento. Unos días antes de viajar nos contactamos con Dulce Copla, un lugar que encontramos en google maps y que figuraba como alfajores artesanales, comida y hospedaje. Lis, la anfitriona, dijo que tenía habitación disponible y que nos podía recibir sin problemas. Y así fue que llegamos y nos recibió junto con su marido, Adrián. Ellos hacen alfajores y los venden en varios pueblos (los hemos visto en Tilcara). Luego adaptaron su casa para recibir turistas. Pagamos $800 cada uno y nos incluyó el desayuno completo que ven en la foto. Lo pasamos muy bien y nos quedamos muy conformes.

Podría seguir poniendo fotos de cada rinconcito de este pueblo mágico, pero creo que ya les di bastante material para que se enganchen y empiecen a buscar información por su cuenta. Lo recomiendo al 100% para los que estén pensando un viaje. Es diferente a lo clásico de Jujuy, a lo que todo el mundo va. Espero que les haya gustado.


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Una experiencia única en Hornaditas

Seguramente muchos de ustedes no sepan qué es ni dónde queda Hornaditas. Voy a ser honesto y les digo que yo tampoco lo sabía hasta hace unos meses atrás.

Todo empezó cuando con mi novia decidimos hacer algo diferente en las vacaciones. En el post donde les contaba del viaje ya les había adelantado algo. Queríamos una experiencia en una comunidad rural, algo bien auténtico, participar de las actividades diarias, etc. Buscando en internet, tanto en la página de turismo de Jujuy como en páginas de viajes, una de las más recomendadas era la familia de Clarita y Héctor Lamas, en Hornaditas. Esta comunidad se ubica a 15 kilómetros al Norte de Humahuaca, tiene alrededor de 500 habitantes, y se dedica a la agricultura y ganadería para subsistencia, aparte del turismo rural.

Salimos temprano a la mañana desde Tilcara y llegamos a eso de las 10 de la mañana. Apenas entramos, nos recibieron en su cocina con un té y pan casero. Conocimos a Héctor (68) y Clarita (48), los responsables de todo esto. Empezamos a hablar un poco de todo, lo de siempre cuando uno es nuevo. En eso también conocimos a Carolina (16) la hija más chica.

Un rato más tarde nos preguntaron si queríamos caminar, y nuestra respuesta fue que sí, obviamente. Esa actividad le toca a Héctor, y fue con él con quien nos fuimos. Salimos por la parte de atrás de la casa y empezamos a caminar por el campo, atravesamos sus cultivos, cruzamos el lecho seco de un afluente del Río Grande, y llegamos a la base del cerro. Comenzamos a subir de a poco mientras Héctor nos contaba sobre las plantas y flores allí presentes. Muchos yuyos aún los siguen usando para curar algunos dolores. Aunque, sincerándose, dijo que muchas veces va al doctor en Humahuaca. Desde ahí empezamos a tener vistas privilegiadas.

En la foto anterior se aprecia la ruta 9, que es la misma del Camino del Inca, solo que ahora está pavimentada. Pero saber que por ahí mismo pasó buena parte de la historia latinoamericana, es muy fuerte. También se ve, en la parte de atrás a la izquierda, la escuela de la comunidad. Por último, casi en el medio, está la casa de Clarita y Héctor.

Continuando con sus relatos, Héctor nos contó que en esos cerros había restos de los pueblos originarios (diaguitas, sus ancestros). Y realmente es así, se ven las estructuras de lo que eran las paredes de los diferentes recintos. No solo eso, también hay petroglifos (dibujos tallados en piedras). Y todo intacto y al alcance de nosotros, los visitantes. Ahí nos dimos cuenta lo afortunados que somos de tenerlo todo para nosotros.

Nos contaba que, al contrario de lo que explican los guías en el Pucará de Tilcara (que en realidad no es un pucará, pero queda para otra discusión), las construcciones de esa región no tenían techo, eran solo paredes de altura media. Y la razón de esto es que al ser nómades no pasaban mucho tiempo en los lugares, y es lógico que no gastaran tiempo en construir sus viviendas completas. Y le pregunté cómo se protegían del frío y la lluvia, y me respondió que al cazar animales, ellos usaban todo: carne para alimentarse, sangre para pinturas y tinturas, grasa como combustible, y piel para abrigos. Desde la cima nos cruzamos al cerro de al lado, porque están conectados. Ahí se nos ocurrió preguntarle cómo surgió esta idea de recibir turistas en su casa y ser los pioneros del turismo comunitario de la región.

Respondió que hace 20 años un grupo de cuatro fotógrafos estaba en la ruta haciendo dedo. Estuvieron mucho tiempo hasta que se les acercó Clarita y les preguntó qué pasaba. Ellos le respondieron que habían hecho un trabajo y que tenían que volver pero nadie los levantaba. Les ofreció pasar a su casa a tomar algo caliente y ellos, contentos, aceptaron. Entre mate cocido y charla se hizo de noche y los cuatro fotógrafos se preguntaron qué iban a hacer, porque a esa hora no pasaba nadie por la ruta y encima hacía mucho frío como para estar tanto tiempo esperando. Se les ocurrió pedirles permiso de quedarse. En ese momento, Clarita y Héctor se pusieron a hablar porque si bien son generosos, no tenían ni habitación ni camas para los visitantes. Ellos dijeron que se arreglaban. Así fue que pasaron la noche y a la mañana siguiente se despertaron, desayunaron, y antes de irse les preguntaron cuánto les debían por el alojamiento y la comida. Héctor y Clarita estaban desconcertados porque nunca tuvieron que hospedar a nadie y tampoco sabían que cobrarles. Le explicaron eso y los visitantes les dieron el dinero que consideraban apropiado. Y no quedó ahí, les preguntaron si para fin de ese año estaban dispuestos a recibir a unos amigos que iban a andar por la zona. Ese fue el comienzo de todo. Luego de esa historia emprendimos el descenso.

Pasamos por el campo donde tienen plantado maíz y diferentes tipos de verduras, y también nos presentó a sus llamas y burros. Eran todos tranquilos, excepto uno que todavía no estaba domesticado. Algo que no me gustó es que los animales estaban atados.

Llegamos a la casa justo para almorzar. En la mesa había más personas, entre familia y visitantes. Todos habíamos llegado ese día y nos quedábamos a dormir. La excepción era una pareja del gran Buenos Aires y un chico de una localidad de Chubut que ahora no recuerdo, que estaba recorriendo el país en bicicleta. Lo loco de esto es que no es ciclista ni su bici es de las mejores. Pero el pibe tenía toda la actitud. Un groso. Comimos sopa y tamales, muy rico, bien casero.

Después del almuerzo me hubiera encantado dormir una siestita. Pero no, nada más alejado que eso. Nos preparamos para salir a caminar nuevamente. Nos pusimos ropa cómoda, gorro, protector solar porque pegaba mucho el sol, y salimos rumbo a la ruta. Éramos en total nueve personas: cuatro parejas y Héctor, que nuevamente nos guiaba. Teníamos que caminar hasta la ruta, cruzarla, bordearla unos metros y después adentrarse en el campo abierto. Por ahí sería una hora de caminata hasta llegar a unos petroglifos. Qué les cuento que a mitad de camino nos agarró una tormenta con granizo que nos hizo desviarnos y buscar refugio abajo de unos árboles. Y como había actividad eléctrica nos pidieron que apagáramos los celulares. Estábamos en el medio de la nada y nadie lo sabía. Por eso no hay fotos de ese momento.

Lo fuerte de la tormenta habrá durado una hora y cuando vimos que paró un poco, continuamos, aunque la llovizna persistía. Los afortunados que llevamos campera nos la pusimos. Otros, como el caso de un escocés que estaba en short y remerita, tuvieron que aguantársela. Caminamos una media hora más y llegamos a los petroglifos.

Héctor nos contaba las historias que le llegaron de sus antepasados y nosotros estábamos entre la lluvia, el frío y el barro tratando de entender algo. Estuvimos un rato y pegamos la vuelta. Nunca en mi vida había deseado tanto «volver a casa» jajaja. La estaba pasando muy mal. Caminamos un poco menos que a la ida porque estábamos apurados para llegar y porque el camino estaba en mejores condiciones.

Finalmente llegamos a la casa y preparamos todo para la merienda. Nos vino muy bien recuperar energías y ponernos a resguardo. Dejamos el calzado para secar y nos cambiamos de ropa. Sabíamos que las actividades del día habían terminado y podíamos descansar un poco.

La cena fue a las 20:30 aproximadamente, y había arroz con pollo. Estaba bueno, yo repetí. Y de postre había chocotorta. Éramos más de 15 personas y aprovechamos para conocernos un poco. Había gente de Buenos Aires, de Córdoba, de Salta, el chico de Escocia y el de Chubut. La sobremesa duro bastante. Habremos estado una hora charlando hasta que la pareja del GBA se fue porque no se quedaba a dormir. Ahí levantamos la mesa, ordenamos un poco y nos volvimos a sentar. Y de a poco la gente se fue soltando, apareció una guitarra, unas botellas de vino, y así fue la noche. Creo que nos acostamos a las 3 de la mañana, muertos de cansancio y de frío. No recuerdo bien, pero menos de diez grados seguro.

Al día siguiente nos levantamos temprano porque nos teníamos que ir. No había un horario establecido pero por el tema de los traslados era mejor estar temprano y tener margen de tiempo, por las dudas. Desayunamos y preparamos las mochilas. Nos despedimos de todos, aprovechamos el viaje del escocés a Humahuaca y nos subimos a su auto. Y nos fuimos nomás. Sabemos que en algún momento vamos a volver, nos sentimos muy a gusto y vivimos un día hermoso, lleno de hermosos momentos y con el cariño que desprenden los Lamas. Además, ese día iban a cocinar ají de gallina y sopa de maní (!!!). Le dije a Clarita que iba a volver y que iba a tener que cocinar eso.

El valor por persona fue $4000, incluyendo todas las comidas, las actividades y la habitación. Me pareció bien la relación precio calidad. Les recomiendo que lo tengan en cuenta porque vale mucho la pena para desconectarse de todo (no tengo que aclarar que no hay ni wifi, ni tv, ni radio, ni teléfono) y conectarse con nosotros mismos.

Clarita Lamas

Editado el 25/02: Olvidé decirles que las actividades que se pueden hacer en Hornaditas son muchas. Hay varias caminatas, se puede cocinar (pan, pizzas), se puede aprender tejido (y llevárselo), se puede ordeñar a las cabras, se puede hacer queso de cabra, se puede cosechar… En fin, es cuestión de comunicarse con ellos y preguntar. Todo va a depender también del tiempo que haga en esos días.


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Conociendo Tolhuin

Hubo otro día que lo dedicamos para ir a conocer Tolhuin. Esta es la tercera ciudad en importancia de la provincia y se ubica a casi cien kilómetros al noreste de la capital. En auto es entre una hora y media y dos horas de viaje, dependiendo de las condiciones meteorológicas. Ese día había amanecido muy frío y nublado, y para hacer trekking no estaba bueno. Por eso mismo decidimos que ese era el momento para conocer esta ciudad.

Agarramos el auto a las 12:30 y empezamos el recorrido por la ruta 3. Bordeamos el Lago Escondido, continuamos por la ruta hasta llegar al Lago Fagnano, también lo bordeamos hasta llegar a un mirador, y seguimos un tramo más hasta llegar a Tolhuin. Si Ushuaia es chica, esta ciudad es micro. Llegamos con mal tiempo: lluvia, viento y frío. Y para esa hora, las 14, había muy pocos locales abiertos.

Priorizamos almorzar porque estábamos con hambre y no había mucho. Llegamos a La Posada de los Ramírez y terminamos pidiendo trucha todos. La calidad de la comida más o menos, no sé si fue porque la cocina estaba por cerrar, si no era temporada de truchas o qué, pero floja la presentación y el gusto. Sin embargo, la atención fue buena y los precios mejores que en Ushuaia.

Trucha al limón

Luego del almuerzo nos dedicamos a recorrer la ciudad. Volvimos por la ruta unos kilómetros y nos metimos por un camino hasta llegar al lago Fagnano. Allí nos bajamos del auto y empezamos a caminar por la orilla. Caminamos toda esta zona del mapa.

Tiene paisajes muy lindos realmente. Creo que si no hubiera hecho tanto frío y no hubiera estado tan nublado, lo habríamos disfrutado mucho. Por todo eso fue que estuvimos como mucho dos horas y emprendimos la vuelta. Pero algunas fotos salieron bien y se puede apreciar lo que les digo.

Destaco la aparición de este zorrito tan simpático que venía a buscar comida. Muy tranquilo y domesticado. Me hizo acordar a los monos del Parque Nacional Iguazú que te rodean para pedirte (o sacarte) comida. Nunca les den, les puede hacer mal.

Para finalizar, les cuento que ese día fue martes y a la noche jugaba la selección contra Brasil. Así que apenas llegamos a Ushuaia pasamos por La Anónima a comprar víveres fundamentales. No se ganó… pero se tomó.


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Alquiler de auto en Ushuaia

Continuando con los relatos del viaje por Ushuaia, algo que merece su post específico es el alquiler del auto. Nosotros alquilamos uno y acá les cuento la experiencia. Ustedes querrán saber si es necesario o es opcional. Respuesta corta: depende.

Foto del cartel de ingreso a Ushuaia
Entrada a la ciudad

Antes que nada, les recuerdo que nosotros éramos cuatro y fuimos ocho días. Estuvimos alojados en el centro de la ciudad e hicimos actividades tanto cerca como lejos. Además, necesitábamos ir de compras tanto para algunas excursiones como para cocinar en el hostel.

Averiguando antes de viajar, vimos que hay combis que te dejan en casi cualquier lugar. Los valores iban entre los $800 y los $1500 por persona por tramo. Algunos hacían promoción por compra ida y vuelta. Poniendo números redondos y siendo generosos, calculemos $1500 por persona por día. Siendo cuatro, son $6000 por día. Por ocho días, son $48000, mínimo. Lo malo de esto es que están acotados a los horarios de las empresas, ya que los últimos servicios suelen ser a las 18 hs. Y siendo que en esta ciudad hay sol hasta bien tarde, esto les restringe mucho el aprovechamiento del día.

Por otra parte, siendo cuatro personas el alquiler de auto se amortiza bastante. Nosotros alquilamos dos meses antes del viaje a través de Tiger Rent a Car, y en ese momento nos pasaron una cotización de casi $40 mil por el total de los días, retirando el sábado en el aeropuerto y devolviendo el sábado siguiente por la mañana en la oficina de la rentadora en el centro. El único requisito para devolver era entregarlo con el tanque lleno, nada más. Pero acuérdense que aquí el combustible es más barato que en el resto del país. El litro cuesta casi un 25% menos que en Buenos Aires. Nosotros cargamos una sola vez en el viaje, y al entregarlo completamos el tanque. Nos pidieron una seña del 30% y el saldo lo pagamos cuando nos entregaron el auto. Esta agencia la elegimos basándonos en los comentarios que encontramos en las redes.

Nos entregaron un Toyota Etios color blanco, bastante nuevo. La verdad que se la aguantó bien siempre, no tuvimos ningún problema. Para cuatro personas va bien, pero los que son altos deberían ir siempre adelante, porque atrás sí se sienten un poco incómodos. Para cinco ya quedaría chico. El espacio del baúl alcanzó para guardar el equipaje de todos. Así que pasar a un auto más grande, de otra categoría, se justifica nada más por el confort.

Gentileza: toyota.com.ar

Alquilar un auto en Ushuaia la verdad que fue la mejor decisión. Nos dio mucha libertad, nos permitió meternos en lugares donde las combis no llegan y pudimos ordenar los horarios como mejor nos convenía. Es cierto que a veces se complicaba para estacionar, pero mayormente a la noche cuando salíamos a cenar. Porque en el hostel había lugar en la puerta todo el tiempo. Y la ciudad es bastante tranquila, no hay mucho tráfico, tampoco en la ruta. Hay que tener precaución los días de lluvia o nieve, más que nada.

La tranquilidad de las calles

Nosotros fuimos a: Baliza Escarpados, Tolhuin, Parque Nacional, Paso Garibaldi, Laguna Esmeralda, Glaciar Martial, Museo del Presidio y otros más. Todo gracias al autito.

Creo que para una pareja no conviene en cuanto a precio si están viajando con un presupuesto acotado. Y si son cinco tendrían que alquilar un auto más grande, y tal vez el precio sea más alto. Igualmente, los precios de los autos cambian constantemente, depende cuánto tiempo antes consulten, depende la temporada, depende la oferta y la demanda, etc. Es como con los vuelos. Les recomiendo chequear varias veces, no se queden con lo primero que vean. Por ejemplo, si hacen la reserva y al tiempo vuelven a chequear y los precios son más bajos, cancelen la primera y vuelvan a reservar. Es una actividad que lleva tiempo y paciencia. Definitivamente, Ushuaia es un destino para recorrerlo en auto.


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La Casona del Molino – Peña Salteña.

Estuvimos todo el día recorriendo la ciudad, fuimos a la plaza, a la Catedral, al Museo Arqueológico de Alta Montaña (MAAM) y al mercado municipal. Llegada la noche, pedimos recomendaciones de peñas en el hotel y la que más recomendaban fue La Casona del Molino. Nosotros ya habíamos buscado en internet y esta aparecía siempre con buenos comentarios, pero siempre es mejor confirmar con la gente local. Había un detalle: nos dijeron que sin reserva iba a ser difícil ingresar. Llamamos y nos dijeron que las reservas para ese día, incluso para el sábado, ya estaban tomadas. Nos quedaba arriesgarnos e ir a hacer la cola en la puerta.

Nos tomamos un taxi en la puerta del hotel y llegamos a La Casona a las 20:30. Ya había fila afuera, pero no tan larga. Creo que si llegábamos más tarde la fila llegaba a la esquina. Hablando con los de adelante y los de atrás, ninguno tenía reserva. Eso nos daba ánimo («no somos los únicos»).

La Casona del Molino

La gente iba entrando, la fila se iba acortando, y nos llegó el turno a nosotros. Nos preguntaron si teníamos reserva, nos tomaron la temperatura, nos pusieron alcohol en las manos y nos pidieron que esperemos. Finalmente, a los cinco minutos nos hicieron pasar y nos llevaron a la parte del fondo, al aire libre (el lugar es muy grande, tiene como tres espacios). Creo que habremos esperado en total media hora.

Nos gustó estar afuera por varias razones. Primero por la distancia social (las mesas estaban bien separadas), segundo porque era una linda noche y tercero porque la banda tocaba allí y se la escuchaba bien.

Llegó la camarera, se presentó y nos dejó la carta. Alrededor de las 21:30 empezó la banda a tocar muy tímidamente, como para calentar motores. Yo le digo «la banda» pero en realidad es la misma gente que va a la peña que lleva sus instrumentos y empiezan a tocar, a cantar, a improvisar, pero a efectos prácticos le digo así. La clave es pedir de a poco, porque duran bastante. Así que eso fue lo que hicimos, empezamos con unas empanadas, como no podía ser de otra manera.

Infaltable el ají
Y la Salta

Mientras tanto, la banda ya estaba completa y tocaba sambas, chacareras, carnavalitos, chamamés, de todo. La gente cantaba, aplaudía, gritaba… Unas empanadas por aquí, una cerveza por allá, un tamal, otra cerveza, más empanadas, etc. Así se hizo la medianoche y la banda en ese punto ya tocaba canciones de todo tipo: No me vuelvo a enamorar, Vienes y te vas, Ya se va la caravana, La mano de Dios, Hoy quiero amanecer en una cabaña, fueron algunos de los hit. El público en ese punto estaba como loco, bailaba, pedía temas, golpeaba la mesa, filmaba…

Un rato más tarde la gente se empezó a levantar y decidimos que era un buen momento para irnos también. Pagamos la cuenta, dejamos la propina y nos fuimos al hotel. La pasamos muy bien, comimos rico, disfrutamos la música y la alegría de la gente. Lo súper recomiendo. Les dejo los últimos comentarios:

  • Tratar de reservar con tiempo
  • Si van sin reserva, vayan temprano
  • Aunque tengan reserva la fila se hace igual, pero cuando entran les asignan la mesa reservada.
  • No cobran servicio de mesa ni derecho al espectáculo.
  • Se diferencian de las «peñas» de la calle Balcarce en que aquí no montan un show para turistas, no hay luces de colores, presentador, nada. Aquí la misma gente se pone a tocar.
  • Precios de ese momento: Empanadas $55, tamales $130, humita $260, Salta de litro $300. Pueden ver la carta completa aquí.

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Comiendo en Doña Salta

Apenas aterrizamos en Salta nos tomamos un taxi hasta el hotel. Por suerte la habitación estaba lista. Así que dejamos el equipaje, nos cambiamos de ropa y salimos directo a comer. El lugar ya lo teníamos definido hace mucho: Doña Salta. Había visto muchas reseñas de este sitio y tenía muchas ganas de conocerlo. Lo bueno es que nos quedaba a una cuadra.

Doña Salta

Llegamos temprano y había bastantes mesas disponibles. Elegimos la ubicación y leímos el QR para ver el menú. Trajeron una panera y un cuenco con porotos y otro con salsita picante. Estaban buenísimos ambos, podría haberme comido un plato entero.

Pedimos empanadas de entrada. Yo pedí tres: una de charqui, una de queso y otra de carne. Son al horno de barro y la carne es cortada a cuchillo. Tamaño chico, me atrevo a decir que son las que nosotros conocemos como de copetín. Por eso el precio de $90.

Empanadas, porotos y salsita

Para continuar pedimos una carbonada para compartir. Tenía batata, carne y granos de choclo. Estaba muy buena, muy cremosa. Y los granos de choclo le daban un toque especial.

Carbonada

Finalmente, de postre pedimos quesillo con cayote y cuaresmillo (un tipo de durazno), con nueces por encima.

Quesillo con cayote y cuaresmillo

Para tomar pedimos una jarrita de vino tinto de la casa y un agua mineral sin gas.

Conclusión: Fue una de las mejores empanadas que he comido. No me animo a decir la mejor, pero realmente son muy buenas. Relleno cargado, buena masa, jugosas. La carbonada me encantó, es muy cremosa y tiene un sabor muy característico. Y el postre es una locura, muy bueno. Aunque es bastante dulce y puede llegar a empalagar.

Con todo eso, la cuenta dió $2010, incluyendo los $30 por persona por servicio de mesa. Me parece bastante bien teniendo en cuenta que quedamos satisfechos y comimos muy rico. Hay muchísimos lugares de empanadas, y seguramente este es el más turístico. Pero vale la pena conocerlo.


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Próximo viaje: Jujuy

Mañana empiezo mis vacaciones y el destino elegido es Jujuy. Esta vez viajo con mi novia y estaremos diez días recorriendo la provincia. Hace tiempo teníamos ganas de ir al Norte Argentino, pero por uno u otro motivo lo terminábamos posponiendo. Si bien es cierto que después de Ushuaia me quedé con ganas de más Patagonia, sé que es un buen momento para Jujuy. Últimamente crecieron muchísimo en turismo, están muy activos en las redes sociales (publican mucho material, hacen sorteos, tienen convenios con influencers, etc.) y quieren hacerle frente a Salta, el eterno vencedor de la región.

No quiero contar mucho para no quemar nada. Solo voy a adelantar que llegamos a Salta el viernes y el sábado ya salimos para Jujuy. ¿Por qué una noche en Salta? Simple, porque uno de nosotros quiere estar el día entero comiendo empanadas y tomando vino.

No será el viaje típico por los lugares que hacen todos. Primero porque ambos conocemos, y segundo porque queremos descubrir otros paisajes y otras experiencias. Trataré de recolectar mucho material para mostrar este hermoso viaje. Igualmente, hasta no llegar a Salta no estaré tranquilo, sabiendo que Aerolíneas está cancelando vuelos por la gran cantidad de personal contagiado. El check in ya lo tengo, algo es algo.

Acá les dejo estas fotos de baja calidad, pues son de 2009, cuando las fotos todavía se sacaban con una cámara. Luego de 12 años volveré para ver si hubo cambios.

PD: Por favor, dejen de decir «¿Te vas a Jujuy? ¡Te vas a morir de calor!». Estoy cansado de escuchar esto. ¿Tan raro es viajar ahí en esta época del año? Además, entre cagarme de calor en Buenos Aires o cagarme de calor allá, prefiero allá, mil veces.


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